Sobre el origen del nombre de Naranjal
Bien se comprende que es derivado de Naranja, y fue denominado así ya con mucha posteridad, en la época en que los primeros españoles colonizaron estas tierras e hicieron grandes sembríos de la fruta, que era de gran tamaño y de excelente calidad hasta principios del siglo XX, pero que poco a poco fue desapareciendo por las enfermedades de las plantaciones para dar paso a los grandes sembríos de cacao, que tomó gran auge para la exportación.

Desde el Virreinato de Lima se identificaba esta zona como “El Naranjal”, y así se conoce en los títulos de San Jacinto de Chacayacu y Santa Rosa de Flandes, protocolizados en este Virreinato y que comprendía desde los sitios que hoy conocemos como Villanueva, Chacayacu, El Rosario, La Gloria y Santa Rosa, hasta llegara la orilla del mar. Estos sitios conocidos como “vaqueríos” eran propiedad de las madres de la concepción de Cuenca, cuya casa matriz estaba en Lima.
En cuanto a lo autóctono de su nombre por parte de los aborígenes, esta zona era denominada “Molleturucu”, que significa cueva, bajo, hondo, o sea “en los bajos de Molleturu”, pues la cédula real otorgada por el emperador Carlos V a favor de la comunidad libre de Molleturu, dándoles el dominio de estas tierras para evitar las invasiones de los Cañaris, así como de los mismos españoles. En su parte pertinente dice: “… en los bajos de Molleturu, hasta los manglares de Guayaquil…”
Para 1563, creada la Real Audiencia de Quito con sus distritos y sus tenencias municipales, entre ellos el de Cuenca, es designado oidor y alcalde mayor don Narciso Robledo, español radicado en este pueblo desde años antes.
Al crearse el obispado de Cuenca en 1786, entre sus parroquias eclesiásticas figuran la de San José de Naranjal, como anexa al curato de Sayausí tenían también extensas zonas legadas por el Rey y que abarcaban en la planicie desde el río Bulu-Bulu todo lo que es Pancho Negro, La Envidia, Ruidoso y la mayor parte de lo que hoy conforma la parroquia de San Carlos. En ninguna cesión de derechos sobre tierras, de la época colonial, figura ninguna tribu cañari en las zonas que hoy conforman el cantón Naranjal, sino únicamente en la zona de Sayausí y Molleturo.
Es, pues, desde 1.786 que se lo denomina San José de Naranjal, por que a todos los pueblos se le designaba un “santo patrono”, y no el hecho de que los españoles hayan llegado a estas tierras el 19 de Marzo, día de San José, como se podría pensar, pues conocemos por tradiciones Puneñas, que el arribo de los primeros españoles fue en 1555 aproximadamente, a consecuencia de un naufragio ocurrido frente a Punta Española, y que, la marea en creciente los arrastró al interior, penetrando los pocos sobrevivientes por la boca del río San Pablo.
Los primeros españoles que arribaron a Naranjal, o sea, al pueblo indio que entonces existía, y por la causa antes anotada, fueron: Narciso Robledo, Alvarado de Haro y otros de quienes se conocen solamente sus apellidos, como: Neira, Varillas, Mosquera, Cabrera, Avilés, Valiente, Carranza y Chápiro, entre los que se radicaron en esta zona, seguramente por haber sido agricultores; pues los demás continuaron hacia la ciudad de Cuenca. Los ya nombrados se radicaron en esta región atraídos por las riquezas de estas selvas vírgenes, por la abundancia del cacao, que crecía en forma silvestre y, principalmente, por la sumisión y bondad de los indios molleturos, cuya hospitalidad es proverbial.
Sin embargo, debido a la inmigración del sur que venían atraídos por la bondad de estas tierras, los indios protestaron y reclamaron ante la Real Audiencia, acogiéndose a las leyes de protección de los indios ya la cédula real que les había otorgado el emperador Carlos V, por los abusos y usurpaciones que venían cometiendo los nuevos colonos.
Fueron atendidos en justicia por la Real Audiencia, y el Cacique de Molleturo, Nicolás Buestán con numerosa comitiva y protegidos por el teniente de la gobernación de Cuenca, volvió a tomar posesión legítima de todas esas tierras. Esta ceremonia, dicen, se realizó en el sitio conocido como “La Corona”, donde Buestán se revolcaba en el suelo, arrancaba montes y arrojaba puñados de tierra hacia los cuatro puntos cardinales, pues esa era la forma tradicional de tomar posesión de las tierras. Los colonos tuvieron que pagar un justo precio por las tierras que habían cultivado y adquirieron más derechos y acciones que los indios vendían a precios irrisorios y sin linderación determinada, pues se trataba de terrenos “comuneros”. Así se fueron conformando, poco a poco, las grandes haciendas como Jesús María, Gramanotal, Chacayacu, Suya Grande, Pechichal, Río Bronco, San Antonio de Hayas, Bola, San Pablo, Transvaal, Balao Chico, etc.
Did you enjoy this post? Why not leave a comment below and continue the conversation, or subscribe to my feed and get articles like this delivered automatically to your feed reader.








Comments
No comments yet.
Leave a comment