Historia de Naranjal

reliquiaLa historia de Naranjal se remonta a una época remota; tan remota como la de la mayoría de los pueblos que en la costa conformaron las diversas parcialidades siglos antes de la llegada de los Caras. Hablar de la invasión de los Incas es referirse a algo reciente. Lo han demostrado las innumerables reliquias arqueológicas que se han desenterrado de su suelo. Las innumerables Tolas diseminadas en toda la región y que aún aguardan silenciosas a que las descubra algún buscador de civilizaciones extintas. Hay objetos de barro y metales varios, así como corazas, demuestran una sensibilidad artística muy elevada, superior a la mantense; los rasgos fisonómicos, siempre de nariz aguileña y boca fina, así como los adornos de rayas simétricas, ánforas de cuello largo con dos asas a los costados y asentadas sobre un trípode tienen mucha semejanza con la cultura egipcia.

Con la venida de los Incas, en esta región se establecieron varios asentamientos Mitimaes que, seguramente, desplazaron a los aborígenes autóctonos. Los molleturos corresponden, precisamente, a una de esas parcialidades Mitimaes traídas por Huaina Cápac desde el altiplano peruano para afianzar sus conquistas en estos territorios.

Se sabe por tradición de los mismos molleturos -y que es aceptable, dada la situación geográfica de Naranjal- que aquí se construyó un Tambo que facilitaba las comunicaciones por mar entre Tomebamba y la región costera, hasta Tumbes.

En consecuencia, existía en este pueblo indígena un intercambio de productos provenientes de la costa y de la sierra. Un segundo Tambo estaba en el sitio de “Cubos”, al pié de los cerros de Hayas, pues allí se exploraron muchas de las Tolas a las que se hizo referencia anteriormente. La palabra “Hayas” en idioma quichua significa “tristeza”, lamento, etc., en relación con la muerte, por lo cual se deduce que era el sitio destinado a sepultar a los difuntos. Todos estos vestigios comprueban la existencia de una población importante en esta zona, lo mismo que en San Pablo y Balao Chico.

Los Incas impusieron sus costumbres y su cultura en los pueblos conquistados; una de esas manifestaciones fue el establecimiento de las comunidades por medio de los “Chasquis”, que eran mensajeros que recorrían senderos conocidos únicamente por ellos, pues transitando la cordillera de Molleturo estaban en Tomebamba en una sola jornada. Sabido es que Huaina Cápac y su corte hicieron de esa ciudad su residencia predilecta.

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